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domingo, 17 de agosto de 2008

El Silencio del Pescador





Extraído del libro "El silencio del pescador"
La pesca de ti mismo...
"Cuando no tengas nada más valioso que decir que el nobre silencio, no abras la boca". Siddartha Gautama, Buda

El ser humano actual vive inmerso en dos enfoques: o bien vive para tener, acumular por consumismo compulsivo y olvidarse de su existencia personal trabajando más de la cuenta, con actividades y deportes fanatizados, olvidando su verdadera misión en la vida o bien en dejarse atrapar en las garras de la pereza, el desánimo y la depresión.
Estos dos enfoques son extremos erróneos de la línea del destino en la marea de la vida individual.
Creo que hay otra vía equilibrada donde vemos en profundidad que la vida es una pesca diaria de vivencias con una causa de evolución, un juego y un disfrute. Si confiamos en nosotros mismos, en los vientos a favor, sabremos que al igual que los peces en el océano son el interés de un pescador, los momentos de vida y emociones que aparecen para que evolucionemos son lo importante para una persona que busca ampliar su espiritualidad.
Creo que hay un gran paralelismo entre alguien que busca la plenitud personal y un simple pescador. Por ejemplo, en la pesca dependemos mucho de la carnada que usemos y para la pesca de uno mismo esa carnada es nuestro talento y creatividad.
Los peces preferidos difieren en cada persona. Algunos viven porque quieren atrapar el "pez coche", otros el "pez casa", otros "el pez trabajo", y otros con diversas formas y motivaciones. No están mal y es un logro, pero no es el gran pez que está dentro tuyo, el pez de la plenitud, el "pez interior", el contento con ser tú mismo. Al pescarte a ti mismo aparecerá la satisfacción de vivir de una forma más orientada al placer, el gozo y la conciencia ampliada que en el esfuerzo, el sacrificio y el cansancio.
La pesca y la meditación zen tienen muchos símbolismos parecidos.
La caña para pescar representa la acción y determinación que tenemos para la pesca de la vida y si la sujetamos con la fuerza de nuestras manos, nuestras acciones serán seguras y confiadas.
El hilo de pescar es la mente intuitiva para entrar en el océano de la existencia de forma clara y profunda, sintiendo la fusión de nuestra mente consciente con la mente inconsciente. Es también la forma de entrar en una realidad más profunda, un estado más íntimo, la unión de las dualidades: arriba y abajo, dentro y fuera.
El océano es la representación del mar de la conciencia, un espacio insondable, profundo, misterioso. La exploración de nuestras emociones, nuestro mundo personal desconocido.
La carnada en el anzuelo es el arte y la capacidad de cada persona en seducir, conquistar y lograr nuestros objetivos personales. Es ser auténticos sin máscaras, es la comida del alma, nuestra chispa, nuestras particularidades personales con la que la vida nos dotó.
Y cuando se produce la pesca de un pez representa nuestra posibilidad de hallar la confianza e iluminar nuestro interior, de elevar el alma de las profundidades de la personalidad y las zonas bajas hacia la superficie de la luz. Es también la muerte del ego, cuando el pez pasa a ser pescado, la conquista del pescador, donde la personalidad se inclina ante el poder expansivo del alma.
Cuando no atrapamos peces, cuando no tenemos las oportunidades que queremos en nuestra vida quizás debamos ver qué estamos haciendo mal. ¿Necesitamos movernos de sitio para encontrar una marea distinta? ¿Debemos escuchar mucho más la intuición que es la voz del alma y los vientos de cambio para navegar hacia donde está la pesca y encontrar lo que buscamos? ¿Tenemos que usar otra carnada, renovar nuestro potencial, para atrapar nuestros objetivos personales como si fuesen los peces gordos?
Nuestra vida es una pesca que engloba varios aspectos que tenemos que tener en cuenta. Desde la supervivencia material hasta nuestra espiritualidad estamos buscando cambiar de rumbo, (realizar el destino), tener peces nuevos (progresar económica y emocionalmente), disfrutar la navegación ( la contemplación de la belleza y el placer), detenernos en el silencio (escucharnos a nosotros mismos), desprendernos de las heridas emocionales del pasado (elevar el ancla...)
La pesca de uno mismo tiene muchos paisajes: la profundidad interior y la trasparencia del mar de nuestra alma que está signada por la trasparencia de nuestras emociones. ¿Qué hay dentro nuestro? ¿Qué peces, cuál pensamientos de extrañas formas, viven en nuestras profundidades?
¿Qué cantidad de vivencias del pasado, como fuertes olas, agitan nuestro mundo emocional?
La idea es no tenerle miedo a la soledad ni al silencio que la pesca de nosotros mismos puede producir. Al contrario es un bálsamo en las agitadas y estresantes mareas de la actualidad. El silencio de un pescador puede ser una experiencia espiritual, un silencio vivo, lleno de color, de alegría, de música. No es el silencio que puede haber en las iglesias y en los hogares sin amor, un silencio vacío, gris, frío, deprimente. El silencio zen es un silencio rico, sano, creativo, que te conecta con la fuente de la vida.
Como demuestra esta historia sobre la búsqueda personal:
"Cuando llamaron a la puerta, Bayazid preguntó:
¿A quién buscas?
Y contestaron: a Bayazid.
Bayazid replicó: yo también he estado buscando a Bayazid durante tres décadas y aún no lo he podido encontrar".
En plena armonía, el pescador y el meditador zen esperan en silencio su pesca personal. De la misma forma, si nosotros silenciamos la mente de la turbulencia y la aquietamos, vamos a poder atraer los peces gordos como oportunidades positivas. Si bien a veces tenemos que cambiar de sitio en busca del cardúmen y desplegar las velas hacia vientos de cambio, tenemos que saber que el sol como nuestro padre y la mar como nuestra madre son fuerzas que están a nuestro favor.
El zen nos enseña a liberarnos de ataduras y nudos emocionales dejando que nuestro espacio interior que es generado por la meditación se amplíe más y más.
A veces nos apegamos y queremos estar siempre en la cúspide de la ola. Si comprendemos ese vaivén divertido en el mar de las experiencias es la vida, dejaremos que la marea cósmica nos lleve al rumbo que nos corresponde. Sabiendo que no tenemos que ir contra la corriente sino que...¡ la marea está a nuestro favor!
Este es un libro donde trato de plasmar vivencias que he aprendido desde que era pequeño cuando comencé a pescar. Tratando de mostrar la similitud entre el zen que practico y enseño y la rutina de un pescador.
Es un texto con doble sentido, donde te invito a compartir el recorrido de las páginas y los capítulos como si fuesemos compañeros de pesca que recorren nuevos puertos y rumbos.
En el zen como en la pesca hace falta intuición, disciplina, conocimiento, entrega y confianza. La Vida con mayúscula tiene una plan para cada uno, sólo hay que saber donde está el cardúmen de la abundancia. Y tendrás abundantes peces interesantes para saborear y tu vida será una celebración porque tú serás la pesca principal.

Guillermo Ferrara,
Barcelona. Enero 2007




Introducción
De niño aprendí a pescar
"Todo lo que necesitas para ser feliz es recuperar la inocencia y el entusiasmo de tu corazón de niño"
Cuando tenía unos 8 años y durante los años siguientes hasta mi adolescencia, mi padre me llevó a pescar muchas veces. Esas salidas a diferentes sitios eran un juego, el contacto con la naturaleza, con el sol, con la aventura de ir al mar. Para un niño, no hay más gratitud que salir a jugar fuera de casa. De pequeños nuestro mantra personal es "vamos a jugar". Una vez que crecemos muchas veces el mantra se olvida o se cambia por "vamos a trabajar" o "la vida es una lucha" o "a mi nunca me pasa nada bueno". También se reciben mantras negativos y futuristas como "tienes que ser alguien el día de mañana"; "se mejor que tu hermano"; "tienes que ser abogado como papá", etc. Hay tantos mantras como personas. Lo que sucede es que de pequeños, nuestra mente inocente como una tábula rasa graba lo que será nuestro futuro. Y en la niñez no estamos marcados por cicatricez emocionales del pasado ni tantas expectativas tensas del futuro. Vivimos el presente como lo que realmente es: un presente, un obsequio y un regalo.
Al ir a pescar yo con 8 años tenía la sensación de aventura permanente, de motivación, de descubrimiento. Como debe haber sentido Marco Polo o Alejandro Magno cuando salían a explorar nuevos terrenos. De pequeño vives con la fantasía y la sensación que todo es posible. Hay confianza, puedes volar como un superhéroe. Lo ideal que esa sensación de poder volar y sentir se traduzca en que el corazón siempre tiene alas y libertad. Pero claro, luego van apareciendo vivencias que silencian ese vuelo. Heridas emocionales, expectativas futuras y una loca carrera por "ser alguien destacado". Claro, es normal ya que de los quinientos millones de espermatozoides que van en su viaje de la vida sólo uno llega al óvulo y triunfa, tenemos la competitividad en el código genético. Pero también tenemos la capacidad de volar con el corazón, de estar plenos, de sentirnos contentos porque ya somos alguien ahora mismo. Y alguien importante, seguro, porque cada persona colabora en un plan universal, cada uno es una nota dentro de una gran sinfonía.
Ahora que he crecido, a treinta y un años de distancia de aquellas vivencias, con las experiencias que la vida me prestó, estoy contento porque me he traído conmigo en mi viaje, en mi pesca personal, mi corazón de pequeño, que es el corazón de un gigante porque los niños viven desde el corazón y el sentimiento.
Y la pesca tiene muchos símbolos similares con la vida personal de cada uno. ¿Quien no sintió que tocó fondo y quiere subir a la superficie? ¿Quién no ha sentido que va contra la marea o que la buena fortuna lo lleva a buen puerto? ¿Quién no se ha tenido que quitar una espina emocional del corazón? ¿Quién no siente que es hora de alzar el ancla y dejar que nuevas corrientes cambien el día a día? ¿Quién no ha sentido que sólo pesca relaciones superficiales en la superficie sin permitir explorar lo profundo?
La manera de cambiar el corazón es cuando se siente plenamente abierto y sin miedos. Cuando sentimos desde el corazón estamos vivos, cuando nos emocionamos somos como los árboles que danzan con el viento o como los peces que nadan. Somos seres emocionales, nos realizamos cuando sentimos, cuando amamos, cuando gozamos, cuando comprendemos que la vida es una fiesta y una pesca y lo celebramos. Nos han mal educado pensando que la vida es sacrificio, futuro, logros, metas. Y el camino es la meta, el paisaje presente es el regalo y la corriente personal de nuestro río individual tiene que ir alegre hacia el mar de las emociones. La naturaleza enseña, es sabia, está viva. Está más viva que nadie. Y nuestra primera naturaleza es nuestro cuerpo, nuestras emociones y sentimientos, nuestro pez interior de la conciencia. En el turbulento mar de la mente no lo encontrarás, nuestro pez interior nada por las claras aguas del océano de luz que está en el corazón. La mente está contaminada, el agua es turbia, tiene peces medio muertos, ideas anti naturales, conservadoras, separatistas, represoras. Todavía nos empeñamos en poner límites, muros emocionales con tus seres queridos o con tu vecino, la división produce fragmentación. Como dice el proverbio: "sólo la unidad produce la perfección". Todo lo que sea dividir, separar, etiquetar y aislar nos debilita. Perdemos la capacidad holística de comprender que aquella persona no tiene que ser catalogada como un producto sino que la tenemos que ver como lo que es. Por eso, de niños no juzgamos, sólo jugamos. Y aunque parezca que no tiene sentido, el sentido de la vida es jugar, aprender a pescar las mejores vivencias para una vida más aventurada, más feliz, más plena y en contacto con tu ser interior.
Osho, mi maestro zen y tántrico mencionó: "En el momento que comienzas a ver la vida como no-seria, como un juego, todas las cargas de tu corazón desaparecen. Todos los miedos: a la muerte, a la vida, al amor, todo desaparece. Uno comienza a vivir con un peso muy liviano, o casi sin peso. Uno se vuelve tan liviano que puede volar en el cielo abierto. La mayor contribución del zen es brindar una alternativa al hombre serio. El hombre serio ha producido el mundo, el hombre serio ha producido todas las religiones. El ha creado todas las filosofías, todas las culturas, todas las moralidades: todo lo que existe a tu alrededor es creación del hombre serio. El zen se ha desprendido del mundo serio. Ha crado un mundo propio que es muy juguetón, lleno de risas, donde hasta grandes maestros se comportan como niños".
Esta enseñanza del zen es fundamental para ver la vida con nuevos ojos, frescos, abiertos, espontáneos.
Te invito a viajar hacia las profundidades de tu océano personal, déjame ser un faro en la oscuridad o un compañero de pesca. Nos vamos a divertir y emocionar navegamos juntos...


Mi primera pesca
"He llegado por fin a lo que quería ser de mayor: un niño". Joseph Heller
Mi infancia y mi adolescencia la pasé en Argentina. Llegué a España luego de concluir mi carrera profesional como basquetbolista. Aprendí a pescar por aquellos años infantiles donde me llevaba mi padre Julio y su amigo "el gallego Manolo" (le decían así a pesar de vivir en Argentina y no haber nacido en Galicia, pero en Argentina a todos los españoles le dicen gallegos).
Recuerdo que de las primeras cosas que aprendí en el arte de la pesca, era que había que estar en silencio. Claro, para un niño es difícil, lo mismo que estar quieto. Cuando la energía es tan burbujeante y tan dinámica es complicado. Pero, el silencio y la quietud tenían un porqué.
Uno de los más experimentados pescadores se llamaba Vendini. Un italiano de cincuenta y tantos años que tenía muchas pescas sobre sus espaldas. Y él decía que la vibración que uno produce cuando está hablando se trasmitía por el hilo de pescar y, el agua al ser conductor de sonidos, alejaba los peces si se hacía mucho barullo.
En el terreno de la meditación zen como búsqueda del silencio interior, las palabras y los pensamientos también hay que silenciarlos. En ese silencio puede aparecer nuestro pez interior, la expansión de la conciencia.
Esas salidas a pescar me traen el recuerdo de la aventura y la sagacidad para la pesca. Cuando uno es pequeño muchas cosas comienzan a aprenderse. Aprendí a tener paciencia. Porque en la pesca, al igual que en la vida, somos pacientes como lo es también un tigre que agazapado va esperando el momento de cazar a su presa. La palabra paciencia, si le damos vuelta las dos palabras que la forman es: ciencia y paz, se conjuga en la ciencia de la paz. La meditación es la capacidad de estar pacífico, silencioso, alerta, expectante.
En la actualidad, la gente cruza la acera de la calle sin mirar los semáforos, se conduce hablando por el teléfono móvil, queremos todo rápidamente y no sabemos que un roble necesita años para dar su plenitud. Nosotros al estar en paz con nuestro interior tendremos silencio y paciencia como consecuencia natural. Esto no quiere decir pereza en la acción, al contrario, estamos listos para actuar pero desde la sabiduría de la conciencia y no desde el impulso ciego.
Mis primeras pescas me enseñaron a valorar el silencio. Ambas son dos cualidades que el pescador zen del corazón tiene que tener en la actualidad. El silencio nos da claridad y trasparencia, produce una limpieza mental en nuestro mar de pensamientos. Si tomamos el silencio como un amigo nos traerá las respuestas intuitivas a nuestra vida. Como decía Einstein: "Pienso 99 veces y no logro nada, dejo de pensar y en el silencio la respuesta aparece". Esto sucede porque ese silencio nos conecta con una fuente superior de sabiduría. Allí podremos pescar nuevas ideas, inspiraciones y medidas para ver hacia donde llevar el rumbo de nuestro barco personal.
Los grandes descubrimientos vienen en el silencio. El "Eureka" de Arquímedes viene cuando él estaba bajo la ducha. La inspiración del poeta, del científico, del meditador aparece como un contacto con el "Mundo de las Ideas" como mencionaba Platón.
Lo primero que aprenderemos para pescarnos a nosotros mismos es relajarnos y amigarnos con el silencio. Vaciarnos de peso, estar ligeros de equipaje mental. Y de la misma manera que un pescador se asocia con el silencio, nosotros vamos a entrar en la meditación zen para encontrar ese espacio de silencio interno donde buscaremos conectar con nuestra esencia.
El segundo peldaño en la pesca de ti mismo es paciencia, porque una vez que echas tu caña al agua y entras en tu meditación, tienes el corazón abierto, en ese momento las olas de la energía empiezan a llevarte hacia un estado donde ves claramente tu rostro interior original.
Mi padre Julio, Manolo y yo salíamos a navegar en El Fortuna, una lancha de unos 7 metros con un motor Envirude de 90 caballos. Al salir en el mar sentía el viento en mi cara, el sol, las olas, todo conjugaba un paisaje de aventura, mientras ellos hablaban sobre el rumbo hacia donde nos dirijiamos a pescar. Esos momentos eran pura aventura y gozo como lo tiene que ser cada momento de la vida diaria donde vamos a pescar vivencias y sensaciones. Mi madre Carmen y Mirtha, la mujer de Manolo esperaban en la piscina disfrutando del sol. Estabamos preparados para salir a pescar.


Capítulo I
Preparación del pescador

Los pasos para pescarte a tí mismo
"Para obtener flores y frutos ocúpate sólo de regar las raíces". Kabir
Uno de los primeros pasos de un pescador es la comprobación de todos los elementos para la pesca: la caña, la carnada, el hilo de pesca o tanza y el reel, las provisiones, una brújula, (aunque los pescadores experimentados no la necesitan), los diferentes tamaños de los anzuelos para los diferentes peces, la caja con primeros auxilios, etc.
De la misma manera en tu camino de crecimiento emocional necesitarás primeramente reconocer todos los elementos que tienes y los que no tienes. Pregúntate a ti mismo en qué estado estás. ¿Tienes en tus manos la caña, que representa tu poder personal? ¿Tienes baja la autoestima? ¿Tienes tanta energía que la sientes desordenada? ¿Navegas sin rumbo o tienes claras tus metas?
El primer paso es equilibrar tu energía personal. Para lograr el equilibrio es necesario alivianar tu navegación. ¿Cargas con emociones no resueltas del pasado? ¿Te apegas a una relación que no genera crecimiento ni alegría? ¿Luchas por encontrar cosas que no dependen de ti? Es necesario liberar la mente para tener el espacio libre que necesita. Y de esta manera tu alma sentirá que vibra, vuela y siente. Las cargas psicoemocionales generan nubes que impiden ver claramente tu pesca, el encuentro con tu voz personal.
Una vez que has hecho el análisis de tu preparación estás en las proximidades de comenzar una estrategia inteligente. Vamos a buscar las mejores mareas, la posición más cómoda, el deleite de la pesca y de la navegación.
Entonces primero: haz una lista de las emociones que no te están dando resultado. Esos rencores con familiares, esa competividad desmedida con compañeros de trabajo; esa pena del pasado; esa angustia por lo que no has hecho; esa herida emocional que no cicatriza y te genera un martirio; esa manía en trabajar y trabajar escapando al tiempo para ti; ese aprisionamiento en la tradición conservadora que no ve más allá de sus narices; ese pánico al futuro.
La pesca de ti mismo genera paciencia, confianza e intuición. Hay que ir paso a paso y con la mente clara. Una historia zen nos cuenta:
"Un estudiante de artes marciales se aproximó al maestro con una pregunta:
-Quisiera mejorar mi conocimiento de las artes marciales. Además de aprender contigo quisiera aprender con otro maestro para conocer otro estilo.
-¿Qué piensas de esta idea?
-El cazador que persigue dos conejos- respondió el maestro-, no atrapa ninguno".
Potenciar tu decisión y los valores que saldrán a la superficie del autoconocimiento cuando los dejes salir a navegar en tu conciencia. Es una gimnasia mental y emocional. Cuando comiences con los ejercicios de meditación zen que te iré presentando serás la misma imagen que la del pescador que echa su carnada al agua. Tú, en inmovilidad y silencio dejarás que el hilo de la respiración se fusione con el mar de la conciencia. Respirar y sentir para encontrar el océano en calma.
Ven, vamos a empezar a navegar juntos para ir disfrutando tu pesca...
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Extraído del libro "EL SILENCIO DEL PESCADOR" Zenith-PlanetaConsigue tu libro en España a domicilio en www.fnac.es y en el resto del mundo por www.amazon.com o en las mejores librerías de España y Latinoamérica.